Un año sin Adam.

La influencia creativa es algo de lo que no podemos escapar, y aunque en los juegos de rol precisamente, uno puede dirigir durante años sin llegar a ver nunca a otra persona haciéndolo, las influencias --como la inspiración-- todavía nos pueden invadir por muchos otros frentes. Para mi no sólo han sido los juegos PbtA, también Fiasco, y el maestro del surrealismo, David Lynch. El cine de acción de los '80, los videojuegos, las películas de Indiana Jones, y por supuesto también multitud de roleros célebres, así como narratólogos... la lista es interminable.

Sin embargo, quien más ha influido en mi forma de dirigir en los últimos años, es el co-creador del juego de rol multi-premiado Dungeon World, Adam Koebel, para quien esta semana cumple un año desde su abandono de las redes sociales, el streaming, y la vida pública en general.

Lo de hoy no va a ir de discutir su polémica salida del mundillo, y es que aunque soy un fan suyo (...y no suelo usar la palabra "fan" a la ligera...) creo que el Guardián de los Arcanos hizo un sumario bastante justo de ese asunto. Así que no, no voy a hablar de la traumática escena de la campaña Far Verona que le supuso la cancelación (...y que no fue peor que un sketch de Robot Chicken...), ni siquiera de la historia de terror que compartió su ex en las redes, sobre el episodio de abuso y toxicidad que la llevó a salir de la relación (básicamente: "--Amor, me siento sola en esta pandemia, ¿puedes coger un avión y venir al país de al lado? --¡Claro cari! ¡Tengo un picnic con unos amigos, pero después me paso!" Sí. Es en serio). 

Ni siquiera de las cosas realmente cuestionables que pudo haber hecho --o que pudieron hacer sus colaboradores en Rollplay-- y que le importan una mierda a Twitter porque las sufrirían personas con infinitamente menos seguidores.

Nop. Hoy sólo quiero celebrar su influencia en mi forma de dirigir, tratando de condensar y compartir la sabiduría aprendida. Y es que de Adam también he aprendido a cómo estudiar, criticar y jugar un sistema de juego con el respeto que merece. Aprendí que es importante jugar un juego de rol exactamente como está escrito, y es que de otro modo (para bien o para mal), sólo te llevarás una impresión equivocada del trabajo de su autor. También aprendí que, aunque no todos los juegos te dicen como jugarlos, los que lo hacen, a menudo también mienten y exageran.

Dicho de otra forma: sin Adam Koebel, ni siquiera el blog mismo que aloja estas palabras que estás leyendo, existiría.

Nos queda el consuelo de que fue cancelado haciendo lo
que más le gustaba: disculparse por su privilegio patriarcal.

Aunque ya se encontraba dirigiendo dos campañas para el canal de Youtube de Roll20, la primera campaña de Adam en Rollplay, Rollplay: Swan Song, fue lo contrario de este "canto de cisne" que evoca el título: fue su puesta de largo en la comunidad del streaming de rol, y para muchos, la primera campaña online que vieron.

Una de las cosas más difíciles de esta campaña en concreto (desde mi punto de vista de aquel entonces), fue que sus jugadores eran unos garrulos. Con la excepción del también célebre GM, Steven Lumpkin, sus jugadores eran ex-casters de StarCraft con poca vocación rolera en aquel momento. Geoff Robinson (que en paz descanse), sólo estaba interesado inicialmente en ser la "máquina de matar" del grupo, y a menudo se quedaba dormido en mitad del stream (y no, no es en sentido figurado). Aunque JP McDaniel, dueño del canal y productor del stream, perdió el interés en el rol ya poco antes de que terminara su relación profesional con Adam, su introducción como jugador en aquel primer episodio de Swan Song, fue pegarle un tiro en la nuca a uno de los PNJs, simplemente porque se aburría.

Adam nunca pretendió que podía hacerles cambiar de actitud, al contrario. Apocalypse World nos dice que seamos "fans de los personajes de los jugadores", pero Adam lo llevaba más allá, abrazando lo que el destino le había puesto delante, y haciéndose fan de los propios jugadores. A menudo decía que su jugadora favorita era Kaytlin, de la campaña de Mirrorshades, precisamente porque nunca sabía por donde le iba a salir. Ese tiro en la nuca del primer episodio de Swan Song, en manos de Adam, se convertiría en un acto que tendría múltiples repercusiones dramáticas hasta en la última sesión de la campaña, cincuenta emisiones después. 

Y respecto al personaje de Geoff, el frío asesino Mr. Sicarian, terminaría siendo contra todo pronóstico el más complejo del elenco y con el arco de personaje más épico, una vez que Adam fue capaz de despertar a Geoff de su siesta y sacar al jugador de rol que estaba esperando a salir. Adam convertía en sólido drama e intrincada mitología cada momento absurdo que ofrecían sus jugadores, y aunque no se le caían los anillos a la hora de ponerlos en evidencia en sus mierdas, nunca se veía frustrado o desarmado ante la (grosera) actitud que caracteriza al jugador de rol medio. 

Por encima de todo, demostraba que no importa la cantidad de comedia, desmadre y salidas de tono que provoquen los jugadores (como... lo que quiera que fuese esta escena), porque los momentos verdaderamente dramáticos siguen siendo posibles (como la trágica muerte del PNJ favorito de la audiencia, Connor Wu). Todo grupo necesita aliviar de un modo u otro la tensión del drama, y Adam demostraba a menudo que, después de haberse reído, es la mejor oportunidad para cogerlos con la guardia baja.

Me hubiera gustado ver la cara de Matt Mercer, invitado especial de la última sesión,
mientras le hacían un resumen de todo lo que había pasado en la campaña.

Si Swan Song es mi campaña favorita de las que he visto de Adam, la anteriormente mencionada Mirrorshades, así como Rollplay: Nebula Jazz, serían la segunda y la tercera respectivamente.

Personalmente, no tengo ninguna campaña en stream en Youtube o Twitch que yo haya dirigido (todavía), pero si queréis haceros una idea de qué aspecto tiene cuando dirijo una partida, lo más parecido que puedo ofreceros (y el parecido sería sorprendente), sería la narración que hace Adam durante el prólogo de la campaña de Nebula Jazz. Este estilo de descripción cinematográfico, a mi me viene principalmente por mi formación audiovisual (no sólo estudié en una escuela de arte especializada en cómic, además en mi etapa universitaria iba al cine todos los viernes y seguía no menos de quince series a la semana) pero a Adam le debo el quitarme el complejo de usarlo. Es más efectivo comunicar en un lenguaje familiar para los jugadores, que cultivar esa clase de "prosa novelesca" que ciertos GMs exhiben orgullosos, y de la que a muchos jugadores les encanta fingir que captan todos sus matices. 

Además, precisamente porque a mí me sale natural, no me agota el hacerlo. Y otra cosa que aprendí de Adam en estas campañas es a dosificar el uso que hacemos de la creatividad.

Al contrario que con Swan Song, estas dos campañas contaban con la ventaja de tener a jugadores con mayor renombre en la cultura de Youtube y de la internet anterior al 2016, como Jesse Cox, o Brooke Thorne, alias Dodger (si no te suenan de nada, recuerda que es que son celebridades de internet). No sólo eso, si no que en general, contaba con jugadores mucho más dedicados y creativos. La última hora de la campaña de Nebula Jazz fue dedicada a hacer una retrospectiva de la misma, que terminó convirtiéndose en una celebración no sólo del sistema (Fate Acelerado), si no de la co-autoría en general, por parte de unos jugadores que nunca habían tenido oportunidad de jugar algo parecido.

Por sus jugadores, Adam no sólo cambiaba el rumbo de la campaña, también el concepto de la misma, como cuando en Mirrorshades el grupo de runners decidió mudar sus operaciones a Japón sin una razón particular, o cuando en Nebula Jazz los jugadores votaron que sería divertido crear personajes nuevos y continuar la campaña desde ahí.

Sin embargo, los grandes cambios no siempre están planeados, y aquellos ídolos que nos inspiran, a veces también se equivocan. Así fue el caso con el reboot de la campaña que terminaría siendo la última de Adam, Rollplay: Far Verona. Si antes he dicho que aprendí de Adam a dosificarme, Far Verona fue desde el principio un ejemplo de lo contrario: una obra autoindulgente, sin más rumbo que el de juntar en una campaña todas las cosas favoritas de Adam, y que en mi opinión, terminó siendo un festival del bostezo del que casi todos los jugadores desertaron con la excusa de dedicar más tiempo a sus propios streams. ¿Qué había cambiado? ¿Qué salió mal?

En particular habiendo llegado al punto en que Rollplay parecía,
como les gusta decir a los americanos, "too big to fail."

Habrás notado un patrón a lo largo de esta entrada, y es que por mucho que adoro a Adam, eso no me impide decir lo malo sin paños calientes. Ya sabrás que exponer sin edulcorantes lo bueno, lo feo y lo malo de las cosas que me gustan, o del trabajo que hacen otras personas a las que adoro, es una de mis señas de identidad. Y es mía personal, no sólo de este blog, o de la imagen que quiero presentar.

Cuando nos cargamos de trabajo, se corre el riesgo de no ser consistentes, ni en lo que hacemos, ni en cómo nos presentamos. Para cuando dirigió la que sería su última sesión de Far Verona, Adam tenía una enorme cantidad de curro y responsabilidad. Meter la pata era cuestión de tiempo. En su carta de despedida de las redes (en su web personal, que ya no existe) recuerdo que decía que dejar de ser streamer era una pena, pero también un alivio.

Otro patrón común en el artículo de hoy, es que parte del éxito de Adam se debió a cultivar una relación con sus jugadores. Pero también lo hacía con su audiencia. Algo que a la vista de los hechos postreros, no sólo resulta irónico si no que ha llevado a una conclusión cuasi-kármica. Las historias que construimos en el rol, las construimos en base a los jugadores en la mesa antes que sus propios personajes, y cualquier dificultad que experimentamos al dirigir por primera vez a jugadores nuevos, es una señal del trabajo en equipo que se requiere para lo que hacemos, y lo mucho que pone cada uno de su sudor y esfuerzo en la campaña. Aunque parezca mentira, otra cosa que aprendí de Adam es precisamente que una confianza justamente depositada es la mejor herramienta de seguridad. 

Si la "escena de la discordia" que le valió su cancelación (...así como amenazas de muerte, no lo olvidemos...), la hubiese dirigido para su grupo de Swan Song, Mirrorshades, o Nebula Jazz, no me cabe ninguna duda de que hoy yo estaría escribiendo sobre otra cosa. La última lección que debemos aprender de Adam creo que está clara, y va dirigida a todos los que se exponen en Youtube, Twitter, Twitch, y todos los que están pensando en lanzarse a una nueva vida como streamer, o en el debate público de cualquier clase: cuidad el modo en que os presentáis, no importa si bien o mal. 

La clave del éxito --y la llave de los corazones de la audiencia-- está en la consistencia.

Comentarios

  1. Hay que tener la máscara adecuada cuando te expones y como te dije en R+, se tarda una vida en forjarse una reputación y un segundo en perderla.
    ¿Cuándo te diriges algo?

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    1. Pues sí. Respecto a lo de dirigir (y subirlo a YouTube, entiendo), no es que tenga planeado nada, pero asumo que en algún momento, más tarde o más temprano, sucederá.

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